Quizás todos somos hipócritas, simuladores conscientes o inconscientes de pensamientos, ideales, sentimientos, empresas, emociones, que no experimentamos hasta el final, o que pretenden ocultar aspectos inmanejables, inconcebibles, controvertidos y enigmáticos de nosotros mismos.
La hipocresía es la consecuencia inevitable de la negación, represión y eliminación de nuestro lado oscuro, el misterio de quiénes somos, qué hacemos aquí, cuál es nuestro propósito y destino.
Dado que la eliminación, negación o perversión del lado de la sombra es un fenómeno social, cultural, que se lleva a cabo durante miles de años, y que caracteriza a todos los aspectos de la vida humana, ¿qué podemos esperar de un mundo hipócrita?
El término “hipócrita” proviene del latín “hipocrita”, del griego “hypokritḗs”, que significa “actor/actriz”, “simulador”.
Quizás la hipocresía más elevada, la más magistral, que requiere prodigiosas habilidades teatrales, sea practicada por quienes logran ocultar su hipocresía, no solo a los demás, sino también a sí mismxs.Puede que la única forma de evitar la hipocresía en este mundo de hipócritas sea declararse abiertamente como tales, es decir, simuladores, actores/actrices, comediantes.
Tal vez de esta manera podamos aprender gradualmente a reconocer la distinción entre lo que hacemos, el papel que desempeñamos, y la persona que lo hace y quien lo interpreta.
¡Quién sabe!